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John Banville escritor

«HOY, EL DINERO HA SUSTITUIDO A DIOS»

El escritor irlandés John Banville, eterno aspirante al Premio Nobel de Literatura, regresa a las librerías con Nocturno de Venecia, una obra que marca su retorno al nombre literario que juró abandonar en favor de su seudónimo de novela negra, Benjamin Black. A sus 80 años, el autor despliega una mirada desprovista de ínfulas pero cargada de una inteligencia afilada para retratar un mundo donde la civilidad es una capa de hielo extremadamente fina.

En esta nueva entrega, Banville sitúa la acción en una Venecia siniestra y eterna, alejada de las postales turísticas. El protagonista, Evelyn Dolman, es un truhán que se adentra en un callejón sin salida de ambición y moral corrompida, donde incluso el sexo carece de afecto y se convierte en una transacción más de poder.

La dictadura del dinero y el fin de las religiones

Para Banville, la sociedad contemporánea atraviesa una fase de transición tras la muerte de las religiones tradicionales. En este vacío espiritual, el capital ha erigido su propio altar:

  • El dinero ha sustituido por completo a la figura de Dios en la era posreligiosa.
  • La codicia y el poder son los únicos motores reales que mueven a los personajes, reflejando una realidad que el autor califica como «no agradable».
  • Fingimos amabilidad por pura necesidad social, pero la historia de la humanidad es, en esencia, una lucha constante.
  • El pecado más grave, según la visión del autor influenciada por Henry James, es arrebatarle la libertad a otro ser humano.

La prosa como ejercicio poético

Aunque Nocturno de Venecia no es poesía en sentido estricto, Banville defiende que una buena línea de prosa debe poseer la misma riqueza y exigencia que un verso. Su estilo, meticuloso e impecable, huye de los mensajes moralizantes o ideológicos.

  • El autor sostiene que incluir un «mensaje» en el arte lo convierte irremediablemente en algo kitsch.
  • Autores como Nabokov o Joyce son sus referentes en la creación de frases con contundencia poética.
  • El proceso creativo, para el escritor, ocurre en un estado de «hiperconciencia» donde el artista debe dejar de ser consciente de sí mismo para ser pura sensación y reacción.

El mito de la autobiografía y el futuro

Durante el encuentro, Banville confesó estar trabajando en su autobiografía, titulada en inglés Out of True. Sin embargo, fiel a su naturaleza escéptica, advierte que el texto está «lleno de mentiras» y funciona más como una novela, ya que no tiene interés real en su propia persona. Para el autor, el John Banville que el público percibe es solo una representación plausible que deja de existir en el momento en que se levanta de su mesa de trabajo.


Dijo que no iba a volver a publicar con el nombre de John Banville.

Sí… Pensaba que lo iba a dejar. A ver, en realidad, pensaba que me iba a morir, que no iba a vivir tanto (risas). Ya hasta me da vergüenza estar aquí vivo. Cuando entro en una sala, la gente me mira como diciendo madre mía, ¿pero este sigue aquí vivo? (risas). Pero me gusta seguir aquí, la verdad.

¿Y por qué John Banville y no Benjamin Black? De alguna forma, tiene un punto policial.

Cuando comencé a emplear el seudónimo de Benjamin Black estaba un poco desesperado por encontrar una manera de seguir. De igual manera, he escrito este libro como una manera de seguir. Cuando empecé a escribir novelas negras estaba desesperado, pero sin darme cuenta de que lo estaba. Necesitaba salir de mí mismo. Ahora, también necesitaba escribir algo distinto durante un rato.

Es muy literario. ¿Por eso?

No es poesía, pero es literatura. Me encantaría que hubiese sido poesía, de hecho. Yo leo en verso todo el tiempo y creo que la poesía puede sobrevenir en cualquier sitio, aunque no hay suficiente poesía en este libro. Podríamos utilizar esto para venderlo: «Oiga, léalo, que no hay poesía» (risas). La verdad es que hay más en Nabokov que en veinte autores de los que se llaman poetas hoy. Lolita es un libro muy bello y es prosa, pero está como influido por la poesía. Cuando era adolescente escribí poesía, pero mis novias no conservan esos sonetos. Menos mal. Podrían hacerme chantaje con ellos. Digamos que las frases deberían tener la misma contundencia que la poesía. Una buena línea en prosa debería ser tan rica y exigente como un verso. Y, frecuentemente, una frase de Nabokov o de James Joyce lo consigue.

¿Cómo surgió esta obra?

Mientras escribía el libro no pensaba. Solamente escribía. Estoy hablando de un libro como si fuese alguien que lo ha leído, pero no puedo hablar de él como si lo hubiera escrito porque no era consciente de estar escribiéndolo. Digamos que los libros se escriben en un estado de hiperconciencia, aunque personalmente no soy consciente de escribir un libro. No soy yo el que está ahí.

¿Y Venecia? ¿Por qué se ha interesado por esta ciudad para ubicar su nueva trama?

Viajo a Venecia desde que era adolescente. La odio y me encanta. Yo diría que la admiro. Es como cuando tú admiras un edificio bonito o a las personas que vuelan a la Luna. Admiro Venecia de la misma manera. Pero es una ciudad siniestra. Rara. Estás caminando con cientos de turistas alrededor de ti, pero, al girar en una esquina, te encuentras una calle vacía. No hay nadie. Silencio total. Hay partes de Venecia a donde no va ni un turista. Es una ciudad extraña y se está hundiendo. Se lleva hundiendo hace siglos, aunque sigue ahí. Sigue siendo como la Venecia de hace cientos de años. No ha cambiado. No puedo pensar en ninguna otra del mundo que no haya cambiado, salvo Venecia. Es el único sitio que miras y sigue igual, como la vio Henry James, Casanova o Carlos V.

Se hunde. ¿Una metáfora?

No, habría sido tan vulgar hacer eso. El mundo es el mundo. No significa nada más. No es metáfora de nada. Nosotros hacemos metáforas, pero el mundo nos mira como si fuéramos hojas en blanco. Nos mira y dice: «Madre mía, ¿cómo habéis llegado hasta donde habéis llegado?». A los otros animales los entiendo, pero vosotros tenéis conciencia. Se supone que no deberíais ser conscientes del mundo. Y esto, de cierta manera, es lo que el artista intenta hacer: llegar al punto de no tener conciencia, de ser puramente sensación, reacción.

¿Henry James o Thomas Mann? ¿Quién le ha influido más?

Thomas Mann mira el mundo como si fuese un símbolo de algo. Henry James dice: «Esto es el mundo». Mann siempre habla de sí mismo, de sus ideas, de lo que piensa. No tiene ningún tipo de vela en este entierro de lo que es el arte al hablar de sí mismo. Las personas que entran en la novela o la poesía piensan que se van a expresar a sí mismas. Si me preguntaran, les diría: «¿Realmente tienes algo que expresar?». No tenemos nada que decir y, de cualquier manera, ¿a quién le importaría eso? ¿A quién le importa lo que sé del mundo? ¿O lo que piense Thomas Mann de él? Es una de las razones por las que me encanta Nabokov. Representa el mundo tal cual es. No hace juicios. Afirma: «Esto es». Si pones un mensaje en el arte, al final te vuelves un escritor kitsch. Es tan sencillo como eso, y el mundo ya es muy kitsch, aunque siempre habrá artistas y gente hablando, emocionada o abrumada por el mundo, que siga produciendo un testamento.

Sus personajes se mueven por dinero.

Todos se mueven por dinero. Si echas un vistazo a Henry James, todos sus libros son sobre el dinero, sobre cómo conseguirlo o cómo alcanzar poder. Henry James está fascinado por el poder y por el poder que las personas ejercen sobre otras. Para él, el pecado más grande es quitarle la libertad a otro. El dinero lo es todo hoy en día. Vivimos en una era posreligiosa. Las religiones han muerto, aunque las personas aún se siguen matando para intentar respetar ciertos ideales que han muerto. Ahora estamos en una fase de transición. Hoy, el dinero sustituye a Dios. Algunos artistas hablan de que el arte tiene que ocupar el lugar de la religión, pero eso no funciona.

Hay sexo. Pero no sensual.

Hay sexo, aunque no es amor en absoluto. No hay afecto. El protagonista, un personaje malvado que se merece lo que le ocurre, no ama a su mujer y su mujer no le ama a él. Aquí todo es por dinero, por poder. Es horrible, pero el mundo no es un lugar bonito o agradable. Fingimos ser agradables porque tenemos que hacerlo. Tenemos que fingir. Somos buenos en eso. En Europa del Este, desde el Renacimiento, lo hemos hecho muy bien en eso. Pero cuando tienes a personas como los nazis, todo se rompe, todo colapsa, todo cae como un castillo de naipes. Recuerdo la guerra del norte de Irlanda a principios de los 70. Había un cardenal muy bueno, y tenía que ser muy bueno para que yo diga eso, y en un sermón comentó que la civilidad en la sociedad es tan fina como una corteza de hielo. Si presionas demasiado, se rompe y se hunde. Tenía toda la razón del mundo. Lo que nos mantiene de no matarnos es un contrato social que hemos hecho. Pero, con apenas un grito, se va todo.

¿Estamos en ese punto?

El mundo siempre ha sido así. Yo viví la crisis de los misiles de Cuba y, durante esa noche tan peligrosa, estaba con mi madre viendo pinturas, cuadros. Y pensaba: «tal vez es mi última noche en la Tierra; estoy vivo, aquí, en una exposición de cuadros y obras de arte de unos tíos que pintan fatal…». El mundo lleva luchando toda la vida. Mira Roma. Lee la epopeya de Gilgamesh. En cierta manera, la historia del mundo es luchar y pelear entre nosotros.

¿Y habrá más libros de John Banville?

Estoy escribiendo mi autobiografía. El título en inglés es Out of True. Y está lleno de mentiras. Miento en la autobiografía porque es más una novela. No tengo ningún interés en mí mismo. Cuando me levanto de mi mesa, Banville deja de existir y luego usted recibe otra versión de mí que es, básicamente, una persona que intenta dar una representación plausible de quién es John Banville.