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Dolores Redondo: biografía, libros y entrevista sobre «Todas las noches, todas las ciudades»

Retrato de la escritora Dolores Redondo

¿Quién es Dolores Redondo?

Dolores Redondo es una novelista española de género negro, autora de la Trilogía del Baztán y de Todas las noches, todas las ciudades (Destino, 2026), su novela más psicológica, en la que recupera al personaje de Nash Elizondo.

María Dolores Redondo Merendilla nació en San Sebastián el 1 de febrero de 1969. Empezó Derecho en la Universidad de Deusto, aunque no llegó a terminarlo, y se formó también en gastronomía, oficio con el que regentó restaurantes. Vive en Cintruénigo (Navarra) desde 2006. Empezó a escribir a los catorce años y publicó su primera novela, Los privilegios del ángel, en 2009.

Saltó a la fama con la Trilogía del Baztán —El guardián invisible, Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta, publicadas entre 2012 y 2014—, con la inspectora Amaia Salazar como protagonista; la serie ha superado los 700.000 ejemplares vendidos y se ha traducido a 39 idiomas. Las dos primeras novelas se llevaron al cine (El guardián invisible, 2017, y Legado en los huesos, 2019). Después llegaron La cara norte del corazón (2019), Esperando al diluvio (2022) y Las que no duermen NASH (2024), que forman el universo de los Valles Tranquilos al que regresa ahora.

  • Nacimiento: 1 de febrero de 1969, San Sebastián
  • Estudios: Derecho (Universidad de Deusto, sin terminar) y gastronomía
  • Obras destacadas: Trilogía del Baztán, La cara norte del corazón, Esperando al diluvio, Las que no duermen NASH, Todas las noches, todas las ciudades
  • Premios: Premio Planeta 2016 (Todo esto te daré), Premio Bancarella 2018 (edición italiana), Grand prix des lectrices de Elle de novela negra 2021 y Premio Príncipe de Viana de la Cultura 2023

«LOS MEJORES ESCRITORES TIRAN DE SUS FANTASMAS»

El 21 de octubre de 2026, La Razón publicó una entrevista de Javier Ors con Dolores Redondo, con motivo de Todas las noches, todas las ciudades (Destino), su esperado regreso a las librerías. La novela, ambientada en el universo de los Valles Tranquilos (Esperando al diluvio y Las que no duermen NASH), recupera la figura de Nash Elizondo y es la más psicológica de la autora: parte de un novelista, Benedict Newman, al que la policía requiere porque un asesino está cometiendo crímenes siguiendo el modus operandi de una de sus novelas, y que, tras una crisis personal, empieza a comportarse como Colt Star, el célebre personaje de sus libros. La historia reflexiona sobre la escritura y los límites entre creador y criatura, y en ella la propia Dolores Redondo juega un papel importante al incorporarse al relato.

Dónde acaba el autor y dónde empieza el personaje

A la pregunta de dónde empieza el escritor y dónde el personaje, responde que ese es precisamente el tema de la novela: esos límites, esa zona que se puede traspasar en ocasiones. Explica que hay un lugar en el que sucede la literatura, que está en el interior de la mente del escritor, y que es «un territorio fronterizo entre la realidad y la ficción, y peligroso». Añade que no sabemos hasta qué punto el escritor escribe la historia o la historia escribe al escritor, y que el libro es una inmersión, precisamente, en las consecuencias de crear.

Preguntada por cuáles son esas consecuencias, cuenta que un día, paseando por Elizondo, recordó que por esa calle iba al colegio cuando era pequeña, algo normal si no fuera porque ella conoció Elizondo con cuarenta años. Ese pensamiento era de su personaje, Amaia Salazar, y no aparece en ninguna de sus novelas: nunca ha contado por qué calle iba ella. Sin embargo, sí estaba en su memoria del personaje, y tener un recuerdo de este le fascinó.

Al preguntarle qué hizo entonces, responde que empezó a investigar si a otros escritores les había sucedido algo similar y habló con un neurólogo. Su editor le comentó que a Miguel Delibes le ocurrió, y por eso al inicio de la novela incorpora una cita suya. Explica que Delibes se daba cuenta de que, en ocasiones, personaje y escritor se fundían de manera siniestra, y recuerda que al final de una vida hay personas que pierden la cabeza y ven transformada su memoria. Se pregunta qué les dirá a sus cuidadores si algún día está así, y quién será entonces: «¿Dolores Redondo o Amaia Salazar?». No sabe qué memoria le quedará: «Los escritores tenemos estas memorias espectrales».

Fantasmas, monstruos y sesiones de ouija

Cuando se le dice que el libro es una inmersión en la creación, responde «Cierto». Cuenta que una parte de la creación de personajes es un puro ejercicio literario —necesitas uno y lo creas desde cero—, pero que las novelas que más huella dejan, y lo dice como lectora, son aquellas en las que presiente que un escritor no ha creado un personaje, sino que ha convocado a un fantasma del pasado, que ha llamado a uno de los monstruos. Recuerda que Stephen King decía que, cuando quiere buscar un monstruo, mira debajo de su cama, y sentencia: «Los mejores escritores tiran de sus fantasmas». Describe la novela como una especie de sesión de ouija: cuando llamas a uno de esos espectros, por el modo en que te hizo sufrir, no se va al acabar de escribir. Se queda contigo aunque sea un personaje indeseable, y hablas de él cada vez que presentas tu obra o haces una entrevista, de modo que el exorcismo se convierte en tu tema de conversación durante meses o años.

Ante la frase «Le invade», responde: «Me invade, justo». Dice que la frontera es la lucidez: cuando regresas de escribir estás lúcido, pero si algún día falla la cordura se pregunta quién creerá que es, después de haber vivido tantas vidas y tantos personajes. Para explicarlo, añade, hay que hacer metaliteratura, y para este libro ha demolido todas las paredes del género negro: ha prescindido de elementos como el paisaje, una de sus características, y el relato va a un lugar que solo existe en la mente de un autor.

Sobre qué ocurre durante la escritura, explica que se te puede ir el personaje, como en el caso de Bela Lugosi, que al final de su vida se creía Drácula. Dice que ocurre con los personajes amados, con los que de pronto te sientes identificado: para un inmigrante, ser de repente un príncipe, aunque sea de las tinieblas, e inmortal es un alter ego maravilloso. Cuenta que a Johnny Weissmuller le sucedió algo parecido cuando interpretó al rey de la selva: eran personajes que les dieron todo y que interpretaron durante toda su vida, pero que les robaron parte de su identidad y de lo que eran. Lo mismo, señala, que les pasa a muchos actores a los que llaman por el nombre de su personaje, o a ella misma, a quien al principio la llamaban Amaia porque la identificaban con el personaje.

El futuro de la novela negra: el crimen de habitación cerrada

A la afirmación de que este libro es diferente a los anteriores, responde que aborda la investigación más personal, pero que también avanza hacia el lugar al que va a virar la novela negra en los próximos años. Opina que el asesino en serie de los años setenta quedará limitado por una cuestión de credibilidad: hoy existen drones, detectores de movimiento e incluso cámaras en los bosques, y es casi imposible que actúe ese tipo de criminal. Cree que vamos hacia un crimen de habitación cerrada, no como el de Agatha Christie, pero sí uno que se comete dentro del hogar, donde el ojo público no tiene acceso. Pone como ejemplo el caso Pelicot, que destapó abusos y también la existencia de una página web que enseñaba a futuros agresores cómo conseguir las drogas y utilizarlas para que esas prácticas pudieran llevarse a cabo en el domicilio. Concluye que el asesino en serie no va a ser posible en el futuro.

Inteligencia artificial: «sine machina»

Al decirle que su novela tiene el sello «sine machina», es decir, que no se ha usado IA, responde que forma parte de su compromiso y que su siguiente libro va en esa línea. Admite que es probable que la IA sea capaz de imitar cualquier cosa que haga el ser humano, pero sostiene que no puede crear de cero: no puede pasear por Elizondo y tener el recuerdo de su personaje. Puede copiar su novela y hacer un refrito, pero eso, recuerda, ya se hacía en tiempos de «El Quijote»; lo que sí puede es hacerlo más rápido, porque «nos supera en velocidad». Aun así, cree que los creativos podrían estar a punto de vivir un renacimiento, porque lo que hace un artesano tiene más valor precisamente por eso, porque lo ha hecho un ser humano. Compara el ordenador con su lavadora: lava mejor que ella, pero una lavadora no decide poner la lavadora, no tiene el impulso de lavar la ropa. Y añade que no le gusta rendirse al miedo, pero que, si llega una catástrofe, que le pille escribiendo.

Preguntada por si no tiene miedo, responde que la IA es una herramienta extraordinaria, pero está muy mal dirigida. Opina que los terrores que nos hacen pasar deberían estar enfocados al revés —a mejorar la gestión del agua, a curar el párkinson en diez años—, y que en cambio los enfocan hacia el terror. Recuerda que, después de Nagasaki e Hiroshima, Faulkner dedicó su discurso del Nobel a combatir el miedo apelando a la creatividad, y dijo que crear es el grito de rebeldía más grande del ser humano. Concluye: «No podemos dejar de escribir porque viene la inteligencia artificial».

Metaliteratura y reivindicación de la trama

Sobre la aparición de Dolores Redondo como personaje, responde que es metaliteratura: ha querido explorar la trastienda de un autor entrando en su mente, en la suya. Que esté, como la llaman, «la Redondo», le permite romper la cuarta pared sin convertir la novela en un ensayo: lo que opina ella es lo que opina la autora. Cuenta que le habla al lector sobre lo que opina, sobre lo que tiene que documentarse, sobre sus límites, sobre dónde nunca quiere asomarse en la literatura, sobre la diferencia entre periodismo y literatura y sobre las fronteras que no puede cruzar. Sentía, dice, que tenía que ser honesta en ciertas cuestiones.

A la última cuestión, sobre la pérdida del relato y la reivindicación de la trama, responde que reivindica no empobrecer la literatura en favor de la venta, que nos arriesguemos, que haya trama, que no todo se sostenga en lo que funciona, porque eso es traicionarte. Insiste en la importancia de leer narrativa, de todos los géneros y épocas, porque leer ayuda a construir también nuestra narrativa interna, que hoy escasea. Señala que las redes están plagadas de personas en busca de identidad, pero que van ahí en lugar de buscarla en los libros. Si lees, afirma, te das cuenta de que otros seres humanos han sentido antes tus carencias, y aprendes a saber quién eres y a afrontar el resto de la vida.


Preguntas frecuentes sobre Dolores Redondo

¿Dónde y cuándo nació Dolores Redondo?

Nació en San Sebastián el 1 de febrero de 1969 y vive en Cintruénigo (Navarra) desde 2006.

¿Qué es la Trilogía del Baztán?

Es la serie con la que Dolores Redondo se hizo famosa: El guardián invisible, Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta (2012-2014), protagonizada por la inspectora Amaia Salazar. Ha superado los 700.000 ejemplares y se ha traducido a 39 idiomas.

¿De qué trata «Todas las noches, todas las ciudades»?

Es una novela psicológica de Destino (2026) ambientada en el universo de los Valles Tranquilos, en la que un novelista de éxito, Benedict Newman, ve cómo un asesino imita el modus operandi de una de sus novelas y empieza a comportarse como su personaje Colt Star. Reflexiona sobre los límites entre creador y criatura, y la propia autora se incorpora al relato.

¿Ha usado inteligencia artificial Dolores Redondo en su novela?

No. Según la entrevista, la novela lleva el sello «sine machina», es decir, está escrita sin inteligencia artificial, un compromiso que, según dice, mantendrá en su siguiente libro.


Las novelas de Dolores Redondo

Todas las noches, todas las ciudades

Dolores Redondo

El libro que motiva esta entrevista (Destino, 2026, 752 páginas): su novela más psicológica, con Nash Elizondo y una frontera difusa entre autor y personaje.

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Esperando al diluvio

Dolores Redondo

Novela de 2022 ambientada en el universo de los Valles Tranquilos, que la entrevista cita como origen de esta nueva entrega.

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Las que no duermen NASH

Dolores Redondo

Novela de 2024 que, junto a «Esperando al diluvio», compone el universo de los Valles Tranquilos al que regresa Dolores Redondo.

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El guardián invisible

Dolores Redondo

La novela con la que empezó la Trilogía del Baztán y la inspectora Amaia Salazar, el personaje al que alude la autora en la entrevista.

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