
¿Quién es John Banville?
John Banville, nacido William John Banville en Wexford (Irlanda) en 1945, es un novelista irlandés y antiguo periodista de The Irish Times, autor de novelas como El mar y de la trilogía de las revoluciones científicas (Copérnico, Kepler, La carta de Newton).
William John Banville nació en Wexford (Irlanda) el 8 de diciembre de 1945, hijo de Agnes Doran y de Martin Banville, empleado de un taller. Estudió en una escuela de los Hermanos Cristianos y en el colegio de San Pedro de Wexford y, en lugar de ir a la universidad, empezó a trabajar en la aerolínea Aer Lingus, lo que le permitió viajar. Años después diría que no ir a la universidad fue «un gran error».
Tras vivir en Estados Unidos en 1968 y 1969, volvió a Irlanda y se dedicó al periodismo: fue subdirector jefe de The Irish Press y, cuando el diario cerró en 1995, pasó a The Irish Times. Publicó su primer libro, Long Lankin, en 1970, y después la llamada trilogía de las revoluciones (Copérnico, Kepler, La carta de Newton), El libro de las pruebas (finalista del Booker en 1989) y El mar, con la que ganó el premio Booker en 2005.
Desde 2006 firma sus novelas negras con el seudónimo de Benjamin Black, empezando por El secreto de Christine. Recibió el premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2014, además del premio Franz Kafka (2011) y el premio RBA de novela policiaca (2017). Con Nocturno de Venecia vuelve a firmar con su propio nombre.
- Nacimiento: 8 de diciembre de 1945, Wexford (Irlanda)
- Padres: Agnes Doran y Martin Banville
- Estudios: Escuela de los Hermanos Cristianos y colegio de San Pedro de Wexford; no fue a la universidad
- Seudónimo: Benjamin Black (novela negra)
- Obras destacadas: El mar, El libro de las pruebas, Kepler, Nocturno de Venecia
- Premios: Booker (2005), Príncipe de Asturias de las Letras (2014), Franz Kafka (2011)
Nueva entrevista a John Banville (octubre de 2026): «Los infinitos» vuelve a España
El País publicó el 5 de octubre de 2026 una entrevista de Berna González Harbour con John Banville, con motivo de la publicación de su nueva novela Nocturno de Venecia y de la recuperación en España de Los infinitos, la que el propio autor considera su novela más lograda. Esta ficha se actualiza cada vez que John Banville concede una entrevista nueva: la que sigue es la más reciente y se suma a la que ya existía sobre Nocturno de Venecia, que se conserva íntegra más abajo.
El reencuentro en Córdoba y «Los infinitos»
Antes de entrar en la conversación, la entrevistadora le pide disculpas por una confusión de fechas en la cita previa; Banville responde con una anécdota propia: una vez se presentó a una comida un día equivocado, llamó a la persona con la que había quedado porque no llegaba y esta le dijo que habían quedado la semana siguiente, así que acabó borracho y volvió la semana después, sin darle mayor importancia.
A la pregunta de por qué, cuando le entrevistó por primera vez en Dublín, dijo que si tuviera que salvar una sola de sus novelas sería Los infinitos, que ahora se recupera en España, responde que fue lo más cerca que ha estado de conseguir lo que se proponía: siempre se cometen errores porque no somos perfectos, y no dice que ese libro lo sea, pero es lo más cerca que ha llegado.
Preguntado si es consciente de que Los infinitos arranca con el amanecer y Nocturno de Venecia, su nueva novela, con el crepúsculo, y si es una metáfora, responde que no: cuando hace entrevistas se entera de cosas que no sabía, ve cosas que él mismo no sabía que estaban ahí. Él, dice, trabaja en un estado de sueño o trance y luego lo olvida.
Escribir como un fracaso: la literatura y el pecado
A la pregunta de cómo le gustaría que describieran su literatura, responde, entre risas, que como el trabajo de un genio. Pero al preguntarle cómo la describe él mismo, responde que como un fracaso: cuenta que cuando era niño y creció como católico existía lo que llamaban «pecados reservados», muy graves, cosas como acostarse con la propia hermana o asesinar a los padres, que había que confesar directamente al obispo para que los perdonara. Todos sus libros, dice, son como esos pecados reservados, salvo que ya no queda ningún obispo que pueda perdonarle (ríe).
Benjamin Black, Quirke y el libro que será el último
Preguntado si deja a Benjamin Black, su seudónimo para la novela negra, responde que no, que no puede dejarlo como nombre: todavía está escribiendo, está terminando una novela, la penúltima, y tiene planeado un último libro que llamará Q, por Quirke, el personaje protagonista — será el último, asume, porque después estará muerto o gagá. Cuenta que sus padres habían muerto cuando él tenía 35 años y que él no esperaba vivir tanto, aunque tuvo la suerte de que le alimentaran y criaran bien; ahora, dice, vivimos demasiado, y a sus dos hijos, que están en la cincuentena, les vacila diciéndoles «nunca conseguiréis mi casa» (ríe).
A la pregunta de si se ha arrepentido de crear a Benjamin Black, responde que sí, que fue una estupidez: esperaba escribir solo uno de esos libros, pero el personaje está muy vivo entre los españoles y en el mundo hispanohablante tiene mucha más reputación que él mismo — en España la gente conoce a Benjamin Black, pero nadie sabe quién es él. Era un juego, explica: el arte es un juego, pero un juego sublime, y Benjamin Black es un juego mundano.
España, los Reyes, la extrema derecha y la cancelación cultural
Preguntado por qué cree que en España se le aprecia tanto, responde que España e Irlanda tienen mucho en común: terribles guerras civiles, la Iglesia católica — ellos tuvieron a Franco, los irlandeses a Éamon de Valera. Cuenta que vino por primera vez en 1962, en días oscuros: el sol brillaba, la comida y el vino eran maravillosos, pero había policías y, si uno hacía un movimiento extraño, podía acabar a golpes en una celda.
Sobre cómo ha llegado a otra España y su relación con los Reyes a raíz del Premio Príncipe de Asturias, responde que le invitaron a Oviedo en algún aniversario y volvió a ver al Rey, a quien describe como espléndido, buena gente, él y su familia, sus hijas, que le caen muy bien; dice que le encanta eso de España, y que cuando el Rey fue a la zona de la dana y fue atacado por la extrema derecha en Valencia, le pareció muy valiente.
Preguntado cómo vive que la extrema derecha se esté disparando en todo el mundo, responde que asusta: esta época le recuerda a los años treinta, al desencanto entre los pobres, entre los que no tienen privilegios. Cuenta que estuvo en 2016 en la Universidad de Chicago, un par de meses antes de la elección de Trump, y que Estados Unidos es un país incoherente; dice que ama América, que su mujer es americana y se recuperará de lo que está pasando, pero que la América liberal es muy culpable de lo que está ocurriendo.
Por último, sobre si la intolerancia ha llegado también al mundo cultural —recordando que el propio Banville canceló su presencia en un festival de Granada tras la desinvitación de la escritora argentina Ariana Harwicz, aunque advierte de entrada que no quiere hablar de ese episodio en concreto— responde con una anécdota: hace años estaba en un festival en Dublín con un abogado inglés y una joven norcoreana; el abogado tenía abuelos asesinados en Auschwitz, y la mujer había huido de Corea. Hablaban de redes sociales, de cómo internet le ha dado voz a la gente, y él dijo: «Cuidado, a la gente pequeña nunca se le debería dar voz». La mitad de la audiencia se quedó en shock, y él añadió que la gente pequeña mató a los abuelos de aquel hombre. Cita entonces una de sus frases favoritas de Memorias del subsuelo, de Dostoievski, aquella en la que el hombre del subsuelo dice: «Deberían mantenernos a raya, pero algún día lograremos escapar y entonces hablaremos, hablaremos y hablaremos… pero muy poca gente tiene algo que decir». Concluye que vivimos en la era del hombre del subsuelo.
Entrevista anterior: «Nocturno de Venecia» (2026)
«HOY, EL DINERO HA SUSTITUIDO A DIOS»
El escritor irlandés John Banville, eterno aspirante al Premio Nobel de Literatura, regresa a las librerías con Nocturno de Venecia, una obra que marca su retorno al nombre literario que juró abandonar en favor de su seudónimo de novela negra, Benjamin Black. A sus 80 años, el autor despliega una mirada desprovista de ínfulas pero cargada de una inteligencia afilada para retratar un mundo donde la civilidad es una capa de hielo extremadamente fina.
En esta nueva entrega, Banville sitúa la acción en una Venecia siniestra y eterna, alejada de las postales turísticas. El protagonista, Evelyn Dolman, es un truhán que se adentra en un callejón sin salida de ambición y moral corrompida, donde incluso el sexo carece de afecto y se convierte en una transacción más de poder.
La dictadura del dinero y el fin de las religiones
Para Banville, la sociedad contemporánea atraviesa una fase de transición tras la muerte de las religiones tradicionales. En este vacío espiritual, el capital ha erigido su propio altar:
- El dinero ha sustituido por completo a la figura de Dios en la era posreligiosa.
- La codicia y el poder son los únicos motores reales que mueven a los personajes, reflejando una realidad que el autor califica como «no agradable».
- Fingimos amabilidad por pura necesidad social, pero la historia de la humanidad es, en esencia, una lucha constante.
- El pecado más grave, según la visión del autor influenciada por Henry James, es arrebatarle la libertad a otro ser humano.
La prosa como ejercicio poético
Aunque Nocturno de Venecia no es poesía en sentido estricto, Banville defiende que una buena línea de prosa debe poseer la misma riqueza y exigencia que un verso. Su estilo, meticuloso e impecable, huye de los mensajes moralizantes o ideológicos.
- El autor sostiene que incluir un «mensaje» en el arte lo convierte irremediablemente en algo kitsch.
- Autores como Nabokov o Joyce son sus referentes en la creación de frases con contundencia poética.
- El proceso creativo, para el escritor, ocurre en un estado de «hiperconciencia» donde el artista debe dejar de ser consciente de sí mismo para ser pura sensación y reacción.
El mito de la autobiografía y el futuro
Durante el encuentro, Banville confesó estar trabajando en su autobiografía, titulada en inglés Out of True. Sin embargo, fiel a su naturaleza escéptica, advierte que el texto está «lleno de mentiras» y funciona más como una novela, ya que no tiene interés real en su propia persona. Para el autor, el John Banville que el público percibe es solo una representación plausible que deja de existir en el momento en que se levanta de su mesa de trabajo.
Dijo que no iba a volver a publicar con el nombre de John Banville.
Sí… Pensaba que lo iba a dejar. A ver, en realidad, pensaba que me iba a morir, que no iba a vivir tanto (risas). Ya hasta me da vergüenza estar aquí vivo. Cuando entro en una sala, la gente me mira como diciendo madre mía, ¿pero este sigue aquí vivo? (risas). Pero me gusta seguir aquí, la verdad.
¿Y por qué John Banville y no Benjamin Black? De alguna forma, tiene un punto policial.
Cuando comencé a emplear el seudónimo de Benjamin Black estaba un poco desesperado por encontrar una manera de seguir. De igual manera, he escrito este libro como una manera de seguir. Cuando empecé a escribir novelas negras estaba desesperado, pero sin darme cuenta de que lo estaba. Necesitaba salir de mí mismo. Ahora, también necesitaba escribir algo distinto durante un rato.
Es muy literario. ¿Por eso?
No es poesía, pero es literatura. Me encantaría que hubiese sido poesía, de hecho. Yo leo en verso todo el tiempo y creo que la poesía puede sobrevenir en cualquier sitio, aunque no hay suficiente poesía en este libro. Podríamos utilizar esto para venderlo: «Oiga, léalo, que no hay poesía» (risas). La verdad es que hay más en Nabokov que en veinte autores de los que se llaman poetas hoy. Lolita es un libro muy bello y es prosa, pero está como influido por la poesía. Cuando era adolescente escribí poesía, pero mis novias no conservan esos sonetos. Menos mal. Podrían hacerme chantaje con ellos. Digamos que las frases deberían tener la misma contundencia que la poesía. Una buena línea en prosa debería ser tan rica y exigente como un verso. Y, frecuentemente, una frase de Nabokov o de James Joyce lo consigue.
¿Cómo surgió esta obra?
Mientras escribía el libro no pensaba. Solamente escribía. Estoy hablando de un libro como si fuese alguien que lo ha leído, pero no puedo hablar de él como si lo hubiera escrito porque no era consciente de estar escribiéndolo. Digamos que los libros se escriben en un estado de hiperconciencia, aunque personalmente no soy consciente de escribir un libro. No soy yo el que está ahí.
¿Y Venecia? ¿Por qué se ha interesado por esta ciudad para ubicar su nueva trama?
Viajo a Venecia desde que era adolescente. La odio y me encanta. Yo diría que la admiro. Es como cuando tú admiras un edificio bonito o a las personas que vuelan a la Luna. Admiro Venecia de la misma manera. Pero es una ciudad siniestra. Rara. Estás caminando con cientos de turistas alrededor de ti, pero, al girar en una esquina, te encuentras una calle vacía. No hay nadie. Silencio total. Hay partes de Venecia a donde no va ni un turista. Es una ciudad extraña y se está hundiendo. Se lleva hundiendo hace siglos, aunque sigue ahí. Sigue siendo como la Venecia de hace cientos de años. No ha cambiado. No puedo pensar en ninguna otra del mundo que no haya cambiado, salvo Venecia. Es el único sitio que miras y sigue igual, como la vio Henry James, Casanova o Carlos V.
Se hunde. ¿Una metáfora?
No, habría sido tan vulgar hacer eso. El mundo es el mundo. No significa nada más. No es metáfora de nada. Nosotros hacemos metáforas, pero el mundo nos mira como si fuéramos hojas en blanco. Nos mira y dice: «Madre mía, ¿cómo habéis llegado hasta donde habéis llegado?». A los otros animales los entiendo, pero vosotros tenéis conciencia. Se supone que no deberíais ser conscientes del mundo. Y esto, de cierta manera, es lo que el artista intenta hacer: llegar al punto de no tener conciencia, de ser puramente sensación, reacción.
¿Henry James o Thomas Mann? ¿Quién le ha influido más?
Thomas Mann mira el mundo como si fuese un símbolo de algo. Henry James dice: «Esto es el mundo». Mann siempre habla de sí mismo, de sus ideas, de lo que piensa. No tiene ningún tipo de vela en este entierro de lo que es el arte al hablar de sí mismo. Las personas que entran en la novela o la poesía piensan que se van a expresar a sí mismas. Si me preguntaran, les diría: «¿Realmente tienes algo que expresar?». No tenemos nada que decir y, de cualquier manera, ¿a quién le importaría eso? ¿A quién le importa lo que sé del mundo? ¿O lo que piense Thomas Mann de él? Es una de las razones por las que me encanta Nabokov. Representa el mundo tal cual es. No hace juicios. Afirma: «Esto es». Si pones un mensaje en el arte, al final te vuelves un escritor kitsch. Es tan sencillo como eso, y el mundo ya es muy kitsch, aunque siempre habrá artistas y gente hablando, emocionada o abrumada por el mundo, que siga produciendo un testamento.
Sus personajes se mueven por dinero.
Todos se mueven por dinero. Si echas un vistazo a Henry James, todos sus libros son sobre el dinero, sobre cómo conseguirlo o cómo alcanzar poder. Henry James está fascinado por el poder y por el poder que las personas ejercen sobre otras. Para él, el pecado más grande es quitarle la libertad a otro. El dinero lo es todo hoy en día. Vivimos en una era posreligiosa. Las religiones han muerto, aunque las personas aún se siguen matando para intentar respetar ciertos ideales que han muerto. Ahora estamos en una fase de transición. Hoy, el dinero sustituye a Dios. Algunos artistas hablan de que el arte tiene que ocupar el lugar de la religión, pero eso no funciona.
Hay sexo. Pero no sensual.
Hay sexo, aunque no es amor en absoluto. No hay afecto. El protagonista, un personaje malvado que se merece lo que le ocurre, no ama a su mujer y su mujer no le ama a él. Aquí todo es por dinero, por poder. Es horrible, pero el mundo no es un lugar bonito o agradable. Fingimos ser agradables porque tenemos que hacerlo. Tenemos que fingir. Somos buenos en eso. En Europa del Este, desde el Renacimiento, lo hemos hecho muy bien en eso. Pero cuando tienes a personas como los nazis, todo se rompe, todo colapsa, todo cae como un castillo de naipes. Recuerdo la guerra del norte de Irlanda a principios de los 70. Había un cardenal muy bueno, y tenía que ser muy bueno para que yo diga eso, y en un sermón comentó que la civilidad en la sociedad es tan fina como una corteza de hielo. Si presionas demasiado, se rompe y se hunde. Tenía toda la razón del mundo. Lo que nos mantiene de no matarnos es un contrato social que hemos hecho. Pero, con apenas un grito, se va todo.
¿Estamos en ese punto?
El mundo siempre ha sido así. Yo viví la crisis de los misiles de Cuba y, durante esa noche tan peligrosa, estaba con mi madre viendo pinturas, cuadros. Y pensaba: «tal vez es mi última noche en la Tierra; estoy vivo, aquí, en una exposición de cuadros y obras de arte de unos tíos que pintan fatal…». El mundo lleva luchando toda la vida. Mira Roma. Lee la epopeya de Gilgamesh. En cierta manera, la historia del mundo es luchar y pelear entre nosotros.
¿Y habrá más libros de John Banville?
Estoy escribiendo mi autobiografía. El título en inglés es Out of True. Y está lleno de mentiras. Miento en la autobiografía porque es más una novela. No tengo ningún interés en mí mismo. Cuando me levanto de mi mesa, Banville deja de existir y luego usted recibe otra versión de mí que es, básicamente, una persona que intenta dar una representación plausible de quién es John Banville.
«El mar» en El café de Mendel
La novela de John Banville El mar se ha recomendado en estos episodios del podcast:
- Episodio 47: ¿Estás Ishiguro?
- Episodio 51: David Bisbal en el fin del mundo
- Episodio 55: Rosalía con barba
Preguntas frecuentes sobre John Banville
¿Dónde y cuándo nació John Banville?
John Banville nació en Wexford (Irlanda) el 8 de diciembre de 1945.
¿Quiénes son los padres de John Banville?
Sus padres fueron Agnes Doran y Martin Banville, empleado de un taller.
¿John Banville y Benjamin Black son la misma persona?
Sí. Desde 2006 John Banville firma sus novelas negras con el seudónimo de Benjamin Black.
¿Qué premios ha ganado John Banville?
Entre otros, el premio Booker 2005 por El mar y el premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014.
¿Fue John Banville a la universidad?
No. Tras el colegio empezó a trabajar en la aerolínea Aer Lingus y después en el periodismo, una decisión que él mismo calificó de «gran error».
¿Qué es «Los infinitos», la novela de John Banville que se ha recuperado en España?
Los infinitos es, según el propio autor, la novela con la que más cerca ha estado de conseguir lo que se proponía. Alfaguara la recuperó en España en 2026, coincidiendo con la publicación de Nocturno de Venecia.
Las novelas de John Banville
Los infinitos
La novela que el propio autor considera la más lograda de su carrera, recuperada por Alfaguara en España en 2026.
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