
¿Quién es Sergio Ramírez?
Sergio Ramírez es un escritor nicaragüense nacido en Masatepe en 1942, exvicepresidente de Nicaragua (1985-1990) y premio Cervantes, autor de Margarita, está linda la mar y Tongolele no sabía bailar.
Sergio Ramírez Mercado nació en Masatepe (departamento de Masaya, Nicaragua) el 5 de agosto de 1942. Estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, León, donde se graduó como abogado en 1964 con la Medalla de Oro al mejor alumno de su promoción. A los dieciocho años había fundado, junto a Fernando Gordillo, la revista literaria Ventana.
Se implicó en la revolución sandinista que derrocó en 1979 a la dictadura de Anastasio Somoza, formó parte de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y fue vicepresidente de Nicaragua entre 1985 y 1990. En 1995 fundó el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), por el que fue candidato a la presidencia en 1996. Desde entonces se ha dedicado por completo a la literatura y al periodismo de opinión.
Es autor de novelas como Castigo divino (1988, Premio Dashiell Hammett), Margarita, está linda la mar (1998, Premio Alfaguara) o Tongolele no sabía bailar. En 2017 recibió el Premio Cervantes, convirtiéndose en el primer centroamericano en lograrlo, y en 2018 obtuvo la nacionalidad española.
En 2021, la fiscalía del régimen de Daniel Ortega emitió una orden de detención en su contra y prohibió la circulación de Tongolele no sabía bailar, lo que precipitó su exilio en Madrid. En 2023, el régimen le retiró la nacionalidad nicaragüense. En 2026 recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo y, el 21 de mayo de ese mismo año, fue elegido sin oposición para ocupar la silla L de la Real Academia Española, vacante desde la muerte de Mario Vargas Llosa.
- Nacimiento: 5 de agosto de 1942, Masatepe (Masaya, Nicaragua)
- Estudios: Derecho (Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, León, 1964)
- Cargo público: vicepresidente de Nicaragua (1985-1990)
- Obras destacadas: Castigo divino, Margarita, está linda la mar, Tongolele no sabía bailar
- Premios: Premio Cervantes (2017), Premio Alfaguara (1998), Premio Dashiell Hammett, Premio Ortega y Gasset de Periodismo (2026)
«SI UNA NOVELA CAMBIA A UNA PERSONA, ESO YA ES UNA TAREA ENORME»
El Periódico Extremadura publicó el 8 de octubre de 2026 una entrevista de Chus Neira con Sergio Ramírez, escritor nicaragüense establecido en Madrid desde 2021 tras la orden de detención y la prohibición de su novela Tongolele no sabía bailar dictadas por el régimen de Daniel Ortega. En la entrevista, el escritor habla sobre su experiencia de la escritura y el exilio, el lenguaje, su reciente ingreso en la Real Academia Española y el papel de la literatura frente a la dictadura.
El idioma y la memoria del exilio
A la pregunta de qué le ha enseñado el exilio a su propia escritura, responde que conectaría la pregunta con el hecho de que el lenguaje literario, como forma de expresión, tiene una atmósfera: el idioma está ligado al lugar donde uno ha nacido, a la lengua en la que respira, en la que escribe y que trata de mantener en la memoria —esa es, dice, la memoria del lenguaje literario—. Más allá está el lenguaje diario en el que uno se mueve, y su gran pasión y su gran preocupación es cómo recordar aquel lenguaje y el temor constante a llegar a olvidarlo: la lengua cambia todos los días, se actualiza a través de la expresión oral, de manera que mantiene su ventana abierta para ver cómo se conserva.
Preguntado si no le dan miedo esos cambios, responde que sabe que la lengua está cambiando cada día, y que es admirable cómo puede cambiar tanto en los cinco años que lleva de ausencia. Es inevitable, explica, expresarse en un lenguaje arcaico, que es el de la memoria, y la gran dificultad es mantenerse al día; curiosamente, añade, las redes sociales le pueden ayudar a eso, ahora que tiene tantos vídeos de Nicaragua, y esa es una manera de mantener abierta la ventana.
Memoria, nostalgia y el país imaginario
A la pregunta de qué sucede cuando de repente le viene a la memoria una palabra que no utilizaba desde hace cinco años, responde que son estímulos de la memoria. Una de las ventajas del exilio, si es que tiene alguna, es que despierta los mecanismos de la nostalgia por el pasado: uno va construyendo un país imaginario que ya no existe y que no va a volver a existir nunca, hay gente que ya no está y los lugares nunca serán los mismos. Pero es, señala, un mecanismo literario: uno se hace una idea del país que conforma a sus propios recursos.
Preguntado por cómo se compara este exilio, que vive desde 2021, con el que ya conoció en su juventud en Costa Rica y en Alemania, responde que es una experiencia muy distinta y que tiene mucho que ver con la edad. Cuando se fue a Costa Rica, el mismo día en que se había casado, tenía veinte años; la vida estaba por construirse y el futuro era muy incierto, y a esa edad, explica, todo se vive con ansiedad por la sorpresa de lo que va a deparar el futuro. Diez años después vivieron en Alemania, otro tipo de aprendizaje, en un momento histórico muy específico: los años anteriores al fin de la Guerra Fría, con el muro de Berlín de por medio, los años en que se incubó la idea de volver a la revolución, de participar y ser protagonista en ella. Este exilio, en cambio, lo ve de otra manera, echando la vista atrás y sin la ansiedad de meterse a cambiar el futuro: su actitud es más reflexiva, crítica, pero sin ninguna preocupación por la acción.
Entre la reflexión y la acción
Preguntado si eso significa que no contempla ningún tipo de acción, aclara que se refiere a la acción de participar en un cambio: medita sobre lo que va a pasar y puede aportar desde el punto de vista del pensamiento, pero sabe que no tiene ninguna influencia.
La nacionalidad retirada por Ortega
A la pregunta de qué supone para él que el régimen de Ortega le retirara la nacionalidad en 2023, responde que es una medida represiva de carácter burocrático: deciden quitar los registros civiles, retirar también el título de abogado, son medidas burocráticas. La nacionalidad, sin embargo, no se pierde: es una cosa afectiva, está en la piel, en la sangre, en la memoria.
Ante la observación de que eso fastidia, admite que sí, que es una buena palabra, pero que más allá de eso no vive desvelado, que no le preocupa.
Escribir Nicaragua desde Madrid
Preguntado si se escribe distinto sobre Nicaragua cuando se mira desde Madrid, responde que sus escenarios siguen siendo los de Nicaragua, los de Centroamérica. Uno tiene que dar un paso distinto cuando se dispone a cambiar de escenario, y tiene que medir el atrevimiento: hay que construir el escenario desde cero, y eso requiere artificio. Para él, afirma, la novela es básicamente oral, consiste en hacer trabajar los diálogos, y si va a recrear un diálogo en español peninsular eso es una reconstrucción —hay que ver si uno se atreve a que no suene impostado, son, dice, camisas de once varas—.
A la pregunta de si quiere hacerlo, responde que hay que madurar el momento, que depende de lo que uno quiera hacer; cree que sus lectores resuelven esa experiencia de tránsito utilizando personajes latinoamericanos en el nuevo escenario, y que la experiencia del latinoamericano emigrado a Madrid le parece que es el puente.
Sobre si hay mucho emigrante latinoamericano en España, responde que los nicaragüenses son minoría: la mayoría son colombianos, ecuatorianos, venezolanos, poblaciones apreciables, después de los rumanos. En el ambiente de Madrid se nota, dice: la ciudad se ha vuelto una capital cosmopolita latinoamericana donde se escuchan todos los acentos, en el metro, en las calles; se siente el peso de los migrantes, y en ese sentido la ciudad ha cambiado mucho, se ha vuelto muy mestiza.
El ingreso en la RAE, en la silla de Vargas Llosa
Preguntado por su ingreso en la Real Academia Española (RAE) para ocupar la silla de Vargas Llosa, responde que toma posesión del asiento el día 8 de noviembre, y que precisamente su discurso va a tratar sobre la obra de Vargas Llosa, una figura que admira y que estuvo muy presente en su formación de joven; el pasado domingo terminó de ponerle el punto final al discurso, así que se siente liberado de ese gran peso.
A la pregunta de si está satisfecho, responde que sí, que cree que logró lo que quería: es una aproximación a una obra a la que se puede entrar de muy distintas maneras, y él seleccionó algunos temas.
El periodismo y el Premio Ortega y Gasset
Preguntado, con motivo de haber recibido hace unos meses el Premio Ortega y Gasset de Periodismo, qué le queda de la profesión, responde que para los escritores latinoamericanos, Rubén Darío y José Martí fueron una generación que practicó ese oficio de manera muy noble: es admirable, dice, cómo sus artículos se publicaban en la primera página de La Nación, eran escritores que trataban temas muy profundos en lenguaje literario, y eso es una gran enseñanza. Después vinieron García Márquez y Vargas Llosa, que se formaron en las redacciones y pasaron a ser columnistas. Él lo ha ensayado en distintas etapas de su vida, dirigió revistas, pero nunca estuvo en una redacción entrenándose: su ejercicio ha sido el de las columnas de opinión, y es lo que mantiene ahora.
A la pregunta de qué le da el columnismo, responde que el columnista le obliga a mantener un diálogo con el lector, que es distinto al de la novela: cada vez que le toca, dos veces al mes, se sienta a pensar, y la primera pregunta que se hace es si interesará o no —ese es, dice, un buen acicate, buscar el interés del lector—.
¿Puede una novela cambiar una dictadura?
A la pregunta de si una novela puede cambiar una dictadura, responde que cuando era joven quizá era tan presumido como para pensar que una novela puede variar el rumbo de un país; ahora piensa que una novela puede cambiar a una persona, y que eso ya es una tarea enorme —si puede cambiar a un único ser humano, ha cumplido su camino—. Una novela cumple funciones muy distintas, explica: primero, ser amena, divertir, porque por muy profundo que sea el mensaje de un libro, si no logra atrapar al lector, ese mensaje no vale nada; y luego, abrir espacios de reflexión, hacer dudar. Todo eso va implícito en la lectura de un libro, concluye, y si al final la gente acaba cambiando ideas que tenía o haciéndose preguntas nuevas, el libro ha cumplido una tarea.
Preguntas frecuentes sobre Sergio Ramírez
¿Dónde y cuándo nació Sergio Ramírez?
Nació en Masatepe, departamento de Masaya (Nicaragua), el 5 de agosto de 1942.
¿Por qué vive Sergio Ramírez en el exilio en Madrid?
Se estableció en Madrid en 2021, después de que el régimen de Daniel Ortega emitiera una orden de detención en su contra y prohibiera la circulación de su novela Tongolele no sabía bailar.
¿Por qué le retiraron la nacionalidad nicaragüense?
El régimen de Daniel Ortega le retiró la nacionalidad nicaragüense en 2023, una medida que el propio escritor describe como represiva y de carácter burocrático. Tiene nacionalidad española desde 2018.
¿Qué premios ha ganado Sergio Ramírez?
Entre otros, el Premio Cervantes (2017) —el primer centroamericano en obtenerlo—, el Premio Alfaguara de novela (1998) por Margarita, está linda la mar, el Premio Dashiell Hammett por Castigo divino, y el Premio Ortega y Gasset de Periodismo (2026).
¿Qué silla ocupa Sergio Ramírez en la Real Academia Española?
Fue elegido el 21 de mayo de 2026 para ocupar la silla L de la RAE, vacante desde la muerte de Mario Vargas Llosa; toma posesión el 8 de noviembre de 2026 con un discurso dedicado a la obra de Vargas Llosa.
Los libros de Sergio Ramírez
Tongolele no sabía bailar
La novela cuya prohibición y la orden de detención del régimen de Daniel Ortega contra el autor precipitaron su exilio en Madrid en 2021.
Buscar en AmazonMargarita, está linda la mar
La novela con la que ganó el Premio Alfaguara en 1998, ambientada en torno al asesinato del dictador Anastasio Somoza García.
Buscar en AmazonCastigo divino
La novela de 1988 con la que obtuvo el Premio Dashiell Hammett, un policial ambientado en el León de los años veinte.
Buscar en AmazonSigue explorando
